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2007-10-04 21:49:00
Comienzo por decirles que me llamo Marco (cambiado el nombre obviamente) y tengo 36 años, alto con buena complexión física, me he preocupado siempre por el estado físico y la apariencia de mi cuerpo. Nací y crecí en el campo y cuando tuve la edad necesaria entre al ejercito donde estuve varios años y entre en negocios que me dieron bastante dinero; estando en servicio conocí a la que ahora es mi esposa, María, es una mujer con unos senos grandes y redondos, y unas caderas que quitan la respiración cuando uno ve esas nalgas redondas y paraditas. La conocí en un burdel, era la más popular por su fogosidad y porque disfrutaba mucho con el sado. Nos enamoramos, la saque de allí, nos casamos y nos fuimos a vivir a otra ciudad; todo fue muy bien y vivíamos en calma hasta que hace 10 años la violencia de mi país alcanzo a su familia.

Comienzo por decirles que me llamo Marco (cambiado el nombre obviamente) y tengo 36 años, alto con buena complexión física, me he preocupado siempre por el estado físico y la apariencia de mi cuerpo. Nací y crecí en el campo y cuando tuve la edad necesaria entre al ejercito donde estuve varios años y entre en negocios que me dieron bastante dinero; estando en servicio conocí a la que ahora es mi esposa, María, es una mujer con unos senos grandes y redondos, y unas caderas que quitan la respiración cuando uno ve esas nalgas redondas y paraditas. La conocí en un burdel, era la más popular por su fogosidad y porque disfrutaba mucho con el sado. Nos enamoramos, la saque de allí, nos casamos y nos fuimos a vivir a otra ciudad; todo fue muy bien y vivíamos en calma hasta que hace 10 años la violencia de mi país alcanzo a su familia.

Ellos vivian en una pequeña finca, mi suegro de 70 años, mi suegra de 58, mi cuñado de 35 y mis cuñadas de 32, 28 y la hija de una de ellas con 11 añitos.

Llegó una noche un grupo de casi 100 hombres armados, mataron a los hombres y violaron a todas las mujeres, incluida la niña, todos pasaron varias veces por cada una de ellas. Mi suegra murió durante la violación, a mi cuñada mayor la mataron luego cuando introdujeron un arma en su vagina y dispararon, mi otra cuñada sobrevivió, pero quedo embarazada y a la niña se la llevaron y no se volvió a saber nada de ella.

Mi esposa estaba desolada por lo sucedido y en medio del dolor juro que nos teníamos que vengar a como diera lugar y fue así como durante algún tiempo nos dedicamos a averiguar, lo que fue difícil porque el hecho ni siquiera salio en las noticias y las autoridades no daban ningún resultado. Al cabo del tiempo logramos averiguar quien era el comandante de ese grupo y de que pueblo era originario, fuimos a visitar el lugar en plan de turistas y logramos averiguar cual era la familia de él y decidimos que iban a pasar por lo mismo.

La madre era una anciana de unos 80 años, tenía una hermana de cuarenta y dos sobrinas una de quince años y otra de diez años.

Nos tomó más de seis meses ir preparando todo con grupo de 8 exreclusos que habíamos contratado, y que llamaré Pedro 1, Pedro 2… etc. El día que escogimos fue un viernes en el que esperamos a las salida de la escuela la salida de las dos niñas, las seguimos de lejos un rato, pues ya conocíamos sus rutinas, y cuando salieron de la carretera para cortar camino por un potrero, las interceptamos y las subimos a la camioneta, donde las amarramos y amordazamos, la que más lucho fue la de 15 años, por lo que la golpee sacándole el aire, la pequeña fue más fácil y dejo de gritar cuando recibió de Pedro 6 un bofetón que le hizo sangrar la boca y la nariz.

Las llevamos a una casa abandonada que quedaba cerca de la montaña, las dejamos con Pedro 8, un negro muy grande, con la indicación de que no podía hacerles nada hasta que llegáramos nuevamente. Fuimos en la camioneta hasta la casa de la familia, donde de entrada nos tocó matar al escolta que tenían, luego de lo cual nos llevamos a la hermana y a la madre, estaban tan aterradas que no opusieron ninguna resistencia; antes de irnos plantamos algunos rastros falsos para desviar cualquier investigación, de manera que culparan al grupo armado rival.

Llevamos a las cuatro mujeres en avioneta hasta un lugar bastante alejado en otra región del país. Al llegar las metimos en una bodega desocupada y las dejamos allí solas toda la noche.

En la mañana, estaban abrazadas las cuatro, para darse apoyo, pero también por el frío que sentían pues no estaban acostumbradas al clima y la ropa que tenían no la abrigaba. Entramos mi esposa y yo y les dijimos que si se portaban bien iban a salir vivas, pero al menor problema o resistencia, las mataríamos. Solo la Abuela permanecía firme, mientras las otras no paraban de llorar, por lo que decidimos comenzar por quebrar la resistencia de ella. Entraron los Pedros y a mi orden las separaron y llevaron a extremos distintos dentro de la bodega; en ese momento, María ordeno que desnudaran a la niña, lo que ellos hicieron rasgándole la ropa mientras las otras mujeres suplicaban para que no le hicieran nada; como la abuela se mantenía serena, le dije que si no quería que forzáramos a su nieta, tenía que desnudarse ella también; lo hizo lentamente y sin bajar la mirada, era una actitud de orgullo muy retadora, por lo que le dije a Pedro 2 que la amarrara encima de la mesa; quedó boca arriba con las piernas y los brazos separados, su cuerpo ajado, sus senos flácidos y caídos, las piernas flacas y su chocho casi oculto por una enorme mata de pelo blanco. Prendí la cámara de video y le ordene a la hija que la afeitara y como se negó, Pedro 6 que sostenía a la niña, se desvistió dejando ver una verga enorme apuntando al cielo, y se la refregó en la carita, inmediatamente la mujer acepto y tomando una maquinilla de afeitar fue poco a poco dejando totalmente rasurado y ardido el anciano chocho pues no le dimos ni crema ni agua. María le entregó a la hija un enorme pene de látex y le dijo que si no se lo metía a la anciana, ella misma se lo metería hasta el fondo a la niña para que después si se la comieran. No pudo contener el llanto, pero lo puso a la entrada del chocho aunque no lo metía por la suplicas de la anciana que ya no mostraba tanta entereza al ver lo que le iba a pasar; María que estaba detrás de ella le agarró la mano y la empujó con fuerza, logrando meter mas de la mitad de la enorme verga, la anciana dio un grito muy fuerte mientras arqueaba su cuerpo, pues por la falta de lubricación le había causado mucho daño, de hecho un hilo de sangre comenzó a escurrir empapando su culo y sus secas nalgas. La vieja quedo allí con el consolador asomando entre sus piernas mientras amarrabamos a las otras tres en sillas de manera que pudieran ver el espectáculo.

María siguió metiendo y sacando el aparato, cada vez con mas fuerza, hasta que entró por completo, la vieja solo gemía y lloraba mientras las otras pedían que la dejáramos en paz. Le dijimos entonces a la niña que si quería salvar a su abuela, dijo que sí, la desamarramos y le ordenamos que le lamiera el chocho a su hermana; aunque las dos lloraban, la chica dejó que su hermanita le levantara el vestido, le quitara las bragas y le lamiera el chochito, las hicimos estar así cerca de 20 minutos y al final la mayorcita no podía aguantar mas y cerrando los ojos solo gemía, pues muy a su pesar estaba disfrutando. Los otros Pedros ya estaban desnudos y se comenzaron manosear a las dos niñas, ante lo cual la madre y la abuela suplicaban que las soltaran, María le dijo a la Abuela que si no quería que nada les pasara, tenía que entregarse y dejar de resistir, la vieja cerrojo los ojos y dijo que sí, ante lo cual María le sacó el ensangrentado consolador y Pedro 8 se subió encima y se la enterró hasta los huevos de un solo empujón, la vieja con los ojos cerrados solo se dejaba hacer mientras se la comían por su ya dilatado chocho, el negro tenso el cuerpo y con un bufido la lleno de semen que al sacar la verga comenzó a escurrir mezclado con sangre, así pasaron todos los pedros dejando ese chocho inundado y rebosante de semen, ella seguía con los ojos cerrados, por lo que le ordene abrirlos y obligándola a abrir la boca le metí mi verga y comencé a meterla y sacarla con fuerza, metiéndola toda y sintiendo al final de cada empuje el fondo de su garganta, le dí un buen rato hasta que no me aguanté más y eyacule abundantemente llenándole la boca, al ver el semen escurriendo, su boca abierta y sus ojos vidriosos me dí cuenta que la había asfixiado, las otras tres gritaban y lloraban, por lo que las amordazamos mientras los pedros bajaban de la mesa el cuerpo desmadejado; uno de ellos, Pedro 1 el más sádico de todos, amarró a una viga del techo un lazo y la dejó allí, colgada de los pies y con las manos casi tocando el suelo.

Pedro 8 tomó a la hija, sin desatarla le rasgo la ropa y con otro lazo la colgó de las manos junto al cuerpo inerte de la vieja, de manera que apenas quedaba apoyada en la punta de los pies; María procedió a lamerle el chocho primero durante un buen rato y luego tomando el mismo consolador que había utilizado con la vieja, se lo fue metiendo lentamente en el culo mientras la mujer gritaba al sentirse desgarrada, le tomo cerca de cinco minutos el meterlo hasta la empuñadura, lo tuvo allí encajado por más de tres horas mientras uno por uno, primero yo y luego los pedros, la íbamos violando y llenado de semen. Al acabar y tomando en cuenta que se había desmayado decidimos descansar un rato y le dijimos a las niñas que si querían ayudar a su madre, deberían lamerle el chocho a María, pero que si ella no lograba un orgasmo se quedarían huérfanas. Las desatamos y las dos se esforzaron, se turnaban para lamer y chupar el clítoris de María que se arqueaba disfrutando, la mayorcita decidió ir más allá y le metió dos dedos lo que aumentó los gemidos de María quien tomándole la mano la obligo a meter más dedos, hasta que le logro meter cuatro, pero viendo esto no pude más con mi arrechera y le empuje el brazo, de manera que le quedó metida toda la mano hasta más arriba de la muñeca, la niña quería sacarla, pero no la dejé y comencé a usar su brazo como si fuera una enorme verga, lo que llevó a María a un orgasmo descomunal, de tal manera que la chica quedó bañada en los jugos de mi mujer. Como habían logrado su cometido las dejamos ir a auxiliar a su madre, pero sin desatarla; le acercaron la mesa para que pudiera sentarse en ella y con los restos de su ropa la limpiaron mientras la anciana aún con los ojos abiertos colgaba junto a ellas.

Ya repuestos, Los pedros tomaron a la niñita, y frente a la madre y la hermana la alzaron sobre pedro 8 que estaba boca arriba en el suelo, y dejando a la chiquilla de frente a la hermana y la madre, la fueron bajando poco a poco mientras el enorme pene iba entrando en el culito, la niña se revolvía tratando de soltarse y gritaba de dolor, y solo se quedó quieta cuando pedro 8 levantado fuertemente la cadera se lo acabo de meter hasta el último centímetro, ya no lloraba y apretaba los labios mientras abría al máximo los ojos. La madre y la hermana lloraban en silencio mientras las obligábamos a no dejar de ver. Le dejó la verga metida un rato mientras acababa de ceder el culito, y como la niña estaba boca arriba sobre el, el chochito se ofrecía como un manjar que no desaprovecho María que lo lamió por más de diez minutos mientras se masturbaba. Yo estaba con una enorme erección por lo que al retirarse María me hice encima y se lo fui metiendo hasta que sentí que el himen se rasgaba, ella dio un grito y empuje lenta pero firmemente hasta que estuvo todo metido, en ese momento pedro 8 y yo comenzamos un mete y saca alternado que nos permitió disfrutar al máximo de la doble penetración en ese cuerpito tierno, primero se vino él y luego como a los tres minutos, me vine yo, le sacamos simultáneamente las vergas para que María con la cámara pudiera filmar como quedaban de abiertos y mojados los dos agujeritos. Ya eran cerca de las tres de la tarde, seguimos penetrándola todos, hasta María con un consolador doble, la niña ya no decia nada, solo se dejaba hacer y no opuso ninguna resistencia cuando la pusimos a mamar de manera que hubo momentos en que tenía tres vergas adentro, al final tenía todo el cuerpo embarrado de semen, sin contar con el se había tenido que tragar y el que escurría todavía del chochito y del culo.

Como ya había anochecido, soltamos a las otras dos, les dimos comida y dejamos que limpiaran a la chiquilla mientras descolgábamos el cuerpo de la vieja y lo tirábamos en un rincón; fue entonces cuando la madre pregunto como hacían para poder ir a un baño o a una letrina, María les dijo que lo que tuvieran que hacer lo tenían que hacer encima del cuerpo de la vieja y que si encontrábamos orines o un cagada en cualquier otro lado, mataríamos a una de ellas.

A la mañana siguiente las encontramos temblado de frió pues las habíamos dejado desnudas y al revisar la bodega vimos que habían cumplido con los que se les dijo, el cuerpo de la vieja estaba en medio de un charco de orines y mierda, las obligamos entonces a sacarlo hasta un hueco que habíamos preparado y luego de arrojarlo dentro las obligamos taparlo con el cemento que ya teníamos preparado en una mezcladora. Una vez nuevamente adentro las colgamos de las manos a las tres, ya ninguna lloraba y la niña se dejaba hacer mientras permanecia con la mirada ausente. Así colgadas reiniciamos el mete y saca con la chiquilla y la madre haciendo que la otra mirara y continuamos hasta el medio día cuando María llegó con un enorme perro gran danes; a la adolescente la amarramos boca abajo sobre una banca de madera, de manera que su culito quedaba totalmente expuesto; primero le lamí el chochito y el culo y luego la desvirgue metiéndolo con fuerza de un solo golpe y continué bombeando hasta que la inunde con mi semen, luego los pedros la sodomizaron dejándole el culito totalmente abierto y rebosante de leche, al terminar el último María ya tenia listo el perro que se le monto y clavándole la verga con movimientos rápidos y fuertes la tuvo así cerca de cinco minutos hasta que quedo quieto pero sin poder sacárselo. Cuando el perro al fin la soltó, María entro vestida con botas de charol y un biquini cuero del mismo material, se veía buenísima y venia dispuesta a dar todo un espectáculo: se acostó en la mesa y yo procedí a lamerle el chocho haciendo apenas de lado las bragas de cuero, luego la penetre con violencia mientras apretaba sus pechos, se puso en cuatro y se la encaje en el culo bombeando fuertemente mientras mis huevos golpeaban sus nalgas, me vine dentro de su recto y dejando el campo libre, cada uno de los pedros la fue penetrando, perdí la cuenta de sus orgasmos, se la comieron por todos lados y ella los mamó hasta que quedaron secos y ya a ninguno se le paraba la verga, luego según lo que habíamos planeado les repartió cervezas para que se refrescaran.

Ellos nunca supieron que en nuestros planes no figuraba el que regresáramos todos, por eso bebieron confiados y mientras convulsionaban en el piso nos miraban suplicando ayuda, antes de morir iban quedando quietos, momento que María aprovechaba para cortar los penes y los testículos y mostrárselos antes de que cerraran los ojos. La madre y la quinceañera estaban aterradas y gritaban, la pequeña miraba con rostro inexpresivo; María tomando un látigo de cuero comenzó a fustigar a la quinceañera, cada golpe dejaba una línea roja en el cuerpo, la azotó hasta que no quedó un centímetro de piel sin marcar, luego paso a la madre, la fustigo solamente en las nalgas pero con tal violencia, que rápidamente perdió el sentido y sus piernas quedaron bañadas en sangre. Yo la miraba extasiado por ese despliegue de sadismo excitándome al ver su placer; volvió a la quinceañera y separando sus también ensangrentadas piernas procedió a meter primero sus dedos en el chocho y el culo, para luego ir empujando con ambas manos hasta que las metió por completo hasta la muñeca mientras la chica gritaba por el intenso dolor, siguió empujando y alzándola hasta que la hizo desmayar, pero no paro en su empeño hasta que tanto por el culo como por el chocho había metido los brazos hasta el codo, comenzó a moverlos en círculos y luego los saco dejando los dos huecos absurdamente dilatados y con un fuerte flujo de sangre que se encharcaba a sus pies; volteándose hacia la madre que al recobrar el sentido y ver a su hija en ese estado comenzó a gritar, le propino primero un puño en el estomago para que se callara y luego la amordazó para que no gritara mientras poco a poco le encajaba un palo de escoba por el culo hasta que la desgarro por dentro al meterlo por completo, dejándola empalada y con los ojos desorbitados en su ultimo rictus de muerte.

La chiquilla seguía mirando todo sin decir nada y sin llorar, y así continuó mientras metíamos todos los cuerpos en un enorme hueco que había preparado con la retroexcavadora y que luego tapamos sembrado encima dos árboles que se alimentarían de ellos e impiden para siempre que jamás sean encontrados.

La chiquilla la soltamos luego de seis meses en los que la hicimos adicta a la droga y la acostumbramos a vender su cuerpo, ahora anda por las calles de una ciudad como una adicta indigente y totalmente loca. Una edición de todo lo que filmamos se la enviamos al asesino de la familia de María y nos aseguramos de que la viera antes de que lo mataran. La finca no la hemos vendido, en varias ocasiones hemos ido a fornicar bajo los dos árboles.

Autor: rompiendo


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