
Mioko, apoyando la cabeza sobre la cama, ofreció a Adrián en todo su esplendor las dos flores mas preciadas de su anatomía, la mayor era como una gran rosa, espléndida, con sus pétalos húmedos y brillantes, en parte por los jugos naturales que la bella ya iba destilando y en parte por la pasta de plátano que ella misma había depositado en su labios vaginales al intentar introducir en su ardiente coño la sensual fruta, y en su parte central, los pétalos mas pequeños formaban un gracioso remolino que sobresalía de su cuerpo y que al ser abiertos por la mano de la bella japonesa, dejaban adivinar entre la rosada carne palpitante una cueva húmeda y angosta que invitaba a entrar en ella.
Yo vivo en una ciudad como otra cualquiera en un edificio de 15 plantas. Yo vivo en el tercero y la verdad que con pocos vecinos tratamos. Soy un chico de 1.75 de alto peso 70 kilos osea que soy delgado. Pero lo que mas les gusta de mi a las mujeres son mis ojos color miel. Mi vecina Esther (la coprotagonista de esta historia) mide 1.65 pesará alrededor de 50 kg. Tiene un pelo hasta la cintura, unos pechos pequeños pero firmes y un culo muy bien puesto. Ella tiene 45 años y yo 24. Es viuda desde hace 7 y que yo sepa nunca a tenido novio despues de la muerte de su esposo.
Después de haber observado a Carlos con mi amiga, decido regresar a mi casa bajo la lluvia, cuando estoy pasando frente al bar, sale Marlene y me habla:
-Disculpe, señora, me dijeron que usted está sola en su casa.
-Si, por qué.
Si había algo que de verdad siempre me había gustado, era cogerme a las mujeres por el culo, eso me excitaba bastante y más cuando el culo era virgen. Lo anterior lo menciono porque el relato en cuestión trata sobre como tuve sexo anal con una de mis tías.
Tenia como 12 años cuando esto sucedió, Mi madre era cocinera y su patrona la había invitado a su rancho para preparar la comida de la boda de su hija (mi madre tenia el mejor sason de la región). Es un lugar muy agradable en medio de la sierra, de echo ya habíamos ido varias veces y mi madre había hecho amistades con la gente de por ahí. Llegamos a mediados de Mayo, el clima estaba hermoso, mucho sol y una gran vegetación, flores por todos lados, pájaros cantando e infinidad de mariposas volando, un marco perfecto para una boda espléndida.
Habia quedado con mi amigo Luis para pasar el fin de semana en su casa, yo me llamo Jose y los dos tenemos 18 años, somos amigos desde el colegio y son muchos los fines de semana que nos quedamos en casa de uno u otro para pasarlo viendo peliculas, escuchando musica y hablando de nuestras cosas.
Me pasó cuando tenía dieciocho años. No era muy ganador, porque me sentía todavía muy acomplejado por las secuelas de un acné que me había dejado la jeta como la luna, llena de cráteres.
Pero empecé a trabajar en el reparto de soda de mi tío, y las cosas cambiaron. Mi tío sí era un ganador. En su casa había grandes peleas por eso, porque mi tía no siempre se tragaba las razones que él daba para sus retrasos.