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2005-12-09 14:53:53
Una noche que empieza con bondage y termina con duros azotes. Hay de todo y abundan las penetraciones dolorosas. De la vida real. --------------------------------------------------------------------------------
Una sesión con la Gata

 

Esta no es una historia, es el relato de lo que le hice a mi esclava anoche. Una sesión para no olvidar.

Le digo Gata (Gatita, cuando se porta bien) porque tiene el cuerpo de una gata, flaca, menuda y negra; y se mueve como una gata meneando la cola. Es mi esclava y esta decidida a satisfacerme, aunque a veces no lo logra porque no soporta mis maltratos o le asusta demasiado lo que le pido y no se anima a hacerlo. Pero poco a poco y con el tiempo se que lo lograra; esta en su voluntad hacerlo.

Empecemos. La fui a buscar temprano, pero como siempre por esas cosas ajenas a mi voluntad termine robándola tarde, venia con su bolsito con ropa para cambiarse y sus juguetes. Estaba tranquila, lo cual me sorprendió y hasta le pregunte si no tenia miedo, me dijo que no, que el miedo le venia después.

Me la lleve a casa, al Establo mejor dicho. Apenas llegamos cambie radicalmente (como siempre) para convertirme en su amo. La mande a cambiarse mientras pedía una pizza. Le había prometido invitarla a cenar. Los minutos pasaban y ella no aparecía. Le di un minuto mas y le advertí que pasado este iría a buscarla de los pelos. Al no obedecerme fui a la habitación donde me sorprendí por su ropa, un uniforme escolar de pollera tableada, camisa y corbata. Complementaba con medias blancas de nylon. La agarre de los pelos y casi diría que la arrastre hasta un sofá donde la acosté en mis piernas, le levante la pollera y le di unas buenas palmadas. Acá cabe aclarar que si bien en un principio de nuestra relación le daba palmadas desde suaves hasta de mediana intensidad, actualmente el juego a crecido y le di unos señores sopapos con toda mi fuerza al punto de hacerla gritar. Su primer contacto de la noche con el dolor.

Me gano el repartidor y llego cuando todavía no estaba listo. Que va ser. Obviamente ella lo atendió, perfectamente disfrazada y trajo la pizza. Antes de comer y para ir ganado tiempo le ordene se pusiera en cuatro patas, se bajara los calzones y; mostrándome el espectáculo a mi, se metiera su tapón anal en el culo. Mientras tanto yo la observaba en el sillón fumando un faso. Le costo un poco pero cuando lo logro me mostró y me pregunto: ¿Así papito? “Así puta, ahora vestite y pone decente que pareces cualquier cosa así en esa posición”. Se subió los calzones y se fue al comedor.

Le ordene poner la mesa, mientras la observaba. Cada paso era una agonía y se quejaba bajito. Pensé en ordenarle que se callara, pero me excitaba sentirla sufrir. Me sirvió una porción de pizza (yo no tenia hambre por el faso) y un vaso de cerveza, se sirvió ella y me pidió permiso para sentarse.
-¿Puedo sentarme?
-Si, si podes....
Cuando se sentó fue un espectáculo verla, se le subieron todos los colores a la cara y gimió mas fuerte de lo que estaba dispuesto a soportar. Le pegue un cachetazo y se compuso un poco. Como yo no tenia hambre, a duras penas comí una porción de pizza y me levante a preparar las cosas. Me parece que la Gata se asusto porque no comía, cuando siempre tiene un apetito voraz. Estaba atragantada. Eso me molesto y mientras preparaba cosas, la obligaba a comer y le contaba una historia que leí en la red de un amo que hizo a su esclava tomar cinco litros de gaseosa y después correr en una cinta hasta vomitar para luego limpiar su vomito con la boca, lo cual le producía nuevos vómitos. No creo que nunca me anime a hacer algo así (ni me excita mucho) pero el terror que le causo la historia era palpable, se atraganto mas y no quería comer. A cachetones la hice comer un par de porciones, hasta que, con lagrimas en los ojos me dijo que tenia miedo de vomitar. Eso era imposible, la visto comerse una pizza entera, pero el miedo puede mas. Habiendo logrado mi objetivo de aterrorizarla le permití levantar la mesa y retirarse el tapón del ano.

Había preparado un banco de madera y un gancho en el techo. Estaba decidido a colgarla. Le ordene acostarse bocabajo sobre el banco y le ate las muñecas y los tobillos juntos,a la espalda, luego pase una cuerda por la polea que pendía del techo y comencé a tirar. Su cuerpo de contorsiono hacia atrás y ella empezó a gemir y a gritar “No me cuelgues por favor, tengo miedo de caerme”. Estaba aterrorizada. Trate de levantarla un par de veces mas, hasta que ella no lo soporto mas y me rogó que parara. El rogar para nosotros es la palabra clave para detener el juego. Tire de la soga un poco y la inmovilice con el cuerpo arqueado hacia atrás. Le levante la cabeza y la cara de susto que tenia, que hasta ahora no le había visto, era inolvidable. Encima en ese momento se escucho un auto afuera de casa y ella creyó que venia alguien mas y se puso a llorar. Tuvimos que parar el juego para explicarle que una cosa así (no se si la haría) y obviamente le preguntaría antes. Estaba cagada de miedo.

Volvimos a lo nuestro. Así atada y semi colgada le ordene que me chupara la pija. Se la trago con mucho gusto, a pesar de la incomodidad de la posición, hasta que me aburrí (tenia ganas de mear) y la desate y le ordene me llevara al baño a orinar. Fue muy gracioso, porque aparte de los gritos que daba cuando iba liberando cada una de sus extremidades, después de liberada no podía caminar ni hasta el baño. La tuve que llevar alzada. Meamos juntos y me limpio la pija con la boca. Me la lleve a la cama y estuvo un rato chupándomela con las manos atadas a la espalda. Después la cogí semi vestida y la Gata se pego una acabada de película. Pero para mi faltaba mas.

Descansamos un rato y le llego la hora de los azotes. Según me ha comentado (me gusta mucho preguntarle) eso es lo que mas le duele y por tanto lo que mas teme. Le ate las manos por delante y la enganche del techo. Ahora estaba desnuda. Lo único que le permití se dejara fueron las medias y la corbata. Me excitaba su excitación, su miedo. Mientras la ataba acerque la oreja y la sentí respirar, estaba tan caliente. Como soy muy bueno le permití elegir entre el cinto o el rebenque. Sabia que iba a elegir el cinto (le tiene terror al rebenque) y así fue. Le vende los ojos con la corbata y le puse unos broches para la ropa en los pezones. He preparado unos broches con una anilla de la que cuelgo cosas, esta vez fueron los mosquetones que tenia para colgarla. Un grito por cada broche, aunque todavía no empezaba a llorar. Ahora venia lo mejor.

Me imagino que así cegada, debe haber sentido como me desprendía el cinturón y como me lo sacaba y caía, la punta golpeando el suelo. Hice rechistar la punta del cinto contra el suelo un par de veces y comencé a acariciarla con él. Un par de golpes suaves con todo lo largo del cinturón, que le rodeaba el cuerpo he iba a parar en la panza o en las tetas y después sin previo aviso puse el cinturón doble y le pegue un buen azote en el culo, fuerte, verdaderamente fuerte. Antes me costaba animarme a pegar tan fuerte, pero hemos ido creciendo juntos en esto. Dio un grito que lo deben haber oído todos los vecinos.

Me fui a prender un pucho. De repente, toda la situación se me transformo. Estaba bastante fumado y me alucine que era un agente de la Gestapo, durante la Segunda Guerra y que la Gata era mi prisionera (aunque todo lo Nazi me parece una buena mierda). Había mucha luz, un spot le alumbraba la cara y tenia los ojos vendados con una venda oscura (la corbata). Parecía una sala de interrogatorios. Decidí azotarla todo el tiempo que me durara el cigarro; unos 15 minutos. La rodeaba mirándola, fumando, y de repente la azotaba con fuerza. La Gata se retorcía, lloraba, gritaba. Levantaba los tobillos para taparse el culo con las piernas. Le prohibí que lo hiciera. Tengo que solucionar eso la próxima vez. Entre azote y azote, la rodeaba, la miraba, fumaba. Después ella me contó que eso fue lo peor de todo; como no me veía no sabia cuando venia el próximo azote, cuando se alcanzaba a relajar del anterior, venia el siguiente a sorprenderla. Me dio mucha pena que cuando termine de azotarla, le pedí como siempre que me mostrara como le había quedado el culo y ella se dio vuelta para otro lado, realmente no veía nada. Cuando por fin me lo mostró, vi que lo tenia todo rojo y marcado, pero no peor que otras veces. La libere de los broches (con un grito por cada pezón liberado) y le acaricie el cuerpo adolorido, tironeándole los pezones y las nalgas. La desate.

Me la lleve a la cama dispuesto a disfrutarla pero antes, para evitar que disfrute (o hacerla gozar mas, ¿quien sabe?) la acosté bocarriba y le di dos cachetones en la concha. Me la senté encima cuando todavía tenia la concha adolorida y se la metí bien adentro, como le gusta. Después le rompí el culo, pero no se lo aguanto por mucho rato y me rogó que parara. A todo esto pude acabar recién después de dormir un rato y le eché toda la leche en el culo.






Autor: Anónimo


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