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2008-10-09 01:02:59
- Quiero metértela.- dije acariciando sus deliciosas piernas. - Yo tambien quiero.- contestó abriendo más sus piernas y ofreciéndome su virginidad. Por instinto, fui buscando la entrada de su cuevita hasta conseguir dar con el sitio, ayudado por la mano de Silvia, quien me decía que ya estaba en el lugar indicado. Sosteniendo mi verga fui empujando hasta ver como el glande se hundía ante la expresión de dolor en la cara de mi enamorada. Lentamente iba penetrando más en su interior caliente y húmedo, la sensación que me producía era indescriptible, sólo sabía que era lo más delicioso que hubiera probado hasta ese día.
Todo comenzó cuando éramos amigos, yo me llamo Juan y tengo 20 años esto paso cuando teníamos 17 y ella tenia 15 años, bueno éramos amigos del colegio y siempre éramos muy cercanos conversábamos de todo un poco hasta poco a poco nos comenzamos a enamorar y luego estuvimos como enamorados y nos pasábamos todo el dia besándonos y acariciándonos.

Un dia que ella me invita a su casa me doy con la sorpresa que no había nadie y ella me comenzó a explicar que sus mamà trabajaba todo el dia y que su padre estaba de viaje y ella se quedaba sola con sus hermanas( una de 15y la otra de 9 años), luego ella me hizo subir a su cuarto donde nos sentábamos a conversar, y luego nos besamos con mucha fuerza ella se hecho a la cama y yo me puse encima de ella , ella s molesto un poco y me dijo que nop hiciera nada que era virgen y lo dejamos hay ese dia.

Un dia Mientras escuchábamos música en su cuarto y nos besábamos, sus hermanas veían televisión en la sala, de igual manera pasaba cuando íbamos a mi casa aunque claro siempre a escondidas y atentos a los pasos de mi madre, cuando se acercaba a mi cuarto. Así fue que se desarrollaba el verano, con la naturalidad del amor inocente de dos adolescentes. Fue un día que escondidos en el patio de mi casa, besándonos para variar, sentí el roce de su pierna con la mía, lo cual me produjo una semi erección, no dije nada y continué con los besos, probando la lengua rica y sabrosa de Silvia. Ella portaba un vestido que le llegaba hasta las rodillas y yo, pues tenía una bermuda y un polo. La calentura que sentía en el cuerpo se me subió a las mejillas y pensé que ella se daría cuenta, aunque eso no me detuvo.

- Oye, Silvia, siéntate en mis piernas.- susurré suplicando.
- ¿Por qué?- preguntó curiosa pero no molesta.
- Si te molesta no lo hagas.- contesté dije tanteando.
- No hay problema juan sólo te preguntaba.- replicó mientras se sentaba sobre mis piernas.

Luego de un rato ella pregunto:

¿Qué te pasó?- preguntó moviéndose y ver mi inmenso bulto.
- No nada.- contesté riendo nervioso.
- Mentiroso, mira cómo la tienes.- dijo señalando.
- ¿Cómo tengo qué?- pregunté inocente.
- El pene pues, ¿qué más?- contestó.
- No te gusta, ¿verdad?- pregunté resignado.
- Yo no dije eso.- contestó de lo más natural.
- Ah, ya decía yo.- dije. Bueno, mejor lo dejamos así.

Ella se quedó muda y tan sólo me miraba el bulto que aún se mostraba demasiado grande.

- Y, tú, ¿cómo la tienes?- preguntó con una mirada extraña.
- Qué Chismosa eres.- contesté riendo.
- Ja,ja,ja, si no quieres mostrarme...- dijo tentándome.
- Ya, está bien, sí te muestro.- dije.


Nos fuímos a la cocina y ver si estaba mi madre. Nada, estábamos solos pero tal vez no por mucho tiempo, así que raudos nos dirigímos a mi cuarto. Dejé la puerta abierta para escuchar con más facilidad el regreso de mi mamá. Ella se sentó sobre mi cama, y sin demora, la saqué cuan larga y gorda era, sus ojos se agrandaron del asombro y sonrió contenta.

- Sí está grande.- dijo sin dejar de mirar.

- ¿Así –dije espontáneamente.

Luego que sucediera eso me empezó a acariciar mi verga todo el tiempo cuando nos veíamos.

Un día estando en casa, mi madre se fue al mercado a realizar sus compras, y nosotros nos encerramos rápido en el cuarto. Nuestras ropas volaron por todas partes y ambos disfrutábamos de un delicioso 69. De lo caliente que estaba no deseaba por nada del mundo dársela en la boca, yo ansiaba algo más. Sin decir nada, me levanté y la eché abriéndola de piernas, con fruición frotaba la cabeza del glande en toda su conchita, jugando con sus labios vaginales mojados por sus jugos.

- Quiero metértela.- dije acariciando sus deliciosas piernas.
- Yo también quiero.- contestó abriendo más sus piernas y ofreciéndome su virginidad.

Por instinto, fui buscando la entrada de su cuevita hasta conseguir dar con el sitio, ayudado por la mano de Silvia, quien me decía que ya estaba en el lugar indicado. Sosteniendo mi verga fui empujando hasta ver como el glande morado y gigantesco se hundía ante la expresión de dolor en la cara de mi enamorada. Lentamente iba penetrando más en su interior caliente y húmedo, la sensación que me producía era indescriptible, sólo sabía que era lo más delicioso que hubiera probado hasta ese día.

Claramente veía como mi verga se perdía hasta poco más de la mitad en su cavidad, ella soltaba gritos a cada avance mío y me decía que me detuviera, yo hacía caso pues no deseaba hacerle daño. Pero sí estaba seguro de que no tenía ganas de sacársela, me gustaba mucho la opresión que su vagina virgen le daba a mi pene. Una vez que se fue acostumbrando al tamaño y grosor que la invadía, seguí deslizando mi animalote hasta sentir que no entraba más o que algo lo obstruía. Como aún tenía gran parte de verga por meter, decidí continuar y forzarla hasta enterrársela por completo. Con embestidas desbocadas, empezaba a romper ese óbice, los gritos de ella no se dejaron esperar.

Me duele, juan, detente, algo se me ha roto.- gritaba llorando Silvia.
- Pero, yo no siento nada.- contesté con la verga casi incrustada por entero en su chuchita. Si aún no te la meto toda.
- ¿Aún falta?- preguntó asustada por lo que aún le esperaba. No, ya no, la tienes muy grande.
- Entonces, me quedo quieto.- dije suplicante. Se siente tan rico que no te la quiero sacar.
- Ya pero no la metas más adentro, porque duele mucho.- dijo dándome permiso.

Cumpliendo a cabalidad su pedido yo sostenía sus piernas mientras observaba mi gran verga hundida en su vaginita, después de esto nada sería igual para nosotros. Mis rodillas me dolían al no estar tan acostumbrado a esa posición y por instinto me eché encima de ella apoyándome en mis brazos. Al hacer esto una gran parte de mi animalote, aproximadamente unos 10 a 11 centímetros, salió de su conchita dilatada. Acomodándome sobre ella, procedí a recobrar esos centímetros perdidos, no sin la consabida queja de su parte. Volver a entrar me produjo un escalofrío sabroso por la espalda, extrañamente volvía a retirar mi verga de su orificio, y otra vez penetrar y recobrar lo ganado anteriormente.

Silvia dejaba que yo hiciera en su chuchita, y se quejaba bajito, con mis arremetidas. Mis movimientos se fueron haciendo mucho más rápidos y violentos, y mi cuerpo no deseaba detenerse a pesar de los nuevos gritos cada vez más desaforados de mi enamoradita linda. Sus fluidos se deslizaban por su ano y mis huevos al chocar con este provocaban un chasquido extraño. El tiempo nos era ajeno pero sabíamos que no podíamos estar así para siempre.

- ¡Qué rico se siente, Silvia!- dije arremetiendo furioso por el placer que disfrutaba.
- A mí también me esta gustando aunque aún me duele algo.- contestó cerrando los ojos cuando sentía dolor.

En ese momento estaba tan excitado que me olvide que todavía me faltaba una pequeña parte de mi verga y entonces remetí con fuerza hasta al fondo.

Me duele, juan, detente, me duele mucho ah….yyy, no por favor.- gritaba llorando Silvia.

Mientras que yo seguí arremetiendo con fuerza estaba tan excitado que no podía hacerle caso y quería partirla en dos.

- Ah… asi te gusta no?, que bien se siente- le decía mientras daba unas envestidas que sonaban por toda la habitacion .

Y luego de un momento se quedo callada y no me decia nada yo segui arremetiendo intentado meterle todo lo que podia. Luego de un momento ella me dice:

A mí también me esta gustando aunque aún me duele algo.- contestó cerrando los ojos cuando sentía dolor.

Asi te voy a hacerlo mas fuerte- Dije mientras envestía mas y mas.

Si mas fuerte y mas rápido parteme en dos decía-Mientras jadeaba y corrían lagrimas en su cara


- Ya voy a eyacular.- dije tratando de aguantar mi corrida al máximo.
- Sácamela, juan, porque me puedes embarazar.- contestó empujándome para salir de ella.
- ¡Yaaaaaaa!- grité retirando a tiempo mi verga y soltando una abundante cantidad de esperma mezclada con sangre que cayó sobre su vientre y parte de sus vellos púbicos.

Con una mano apretaba mi animal tratando de sacar hasta la última gota de leche que fue a parar sobre su pierna derecha. Para no embarrarme me acosté al lado de ella totalmente exhausto y con las piernas tan cansadas como si hubiera jugado un partido de futbol. Ambos tratábamos de recobrar el aliento después de experimentar nuestra primera vez. Ella miraba la enorme cantidad de leche que le deposité y que al moverse se deslizó por un lado ensuciando mi sábana.


- Mira hay sangre.- dijo señalando los coágulos. Ya ves que se me había roto algo.
- Ya veo, pero no pensé que fuera así.- contesté sorprendido. Pero ya no te sale, ¿cierto?
- No, ya no me sale, que raro.- respondió dubitativa.
- Y, ¿ya no te duele?- pregunté curioso por los gritos que le escuché proferir.
- No, ya no me duele mucho.- dijo. Sólo un poco.
- Que bueno, Sandra.- dije más tranquilo.
- Pero, sí que ha sido algo muy lindo.- dijo sonriendo.
- Sí, no pensé que fuera así.- dije agarrándome la verga.

Ambos reímos al escuchar mi sincera confesión y nos besamos. Al saber que mi madre regresaría en cualquier momento, ayudé a limpiar a Silvia y nos vestimos rapido. Y tomados de la mano salimos a caminar por las calles, sabiendo que éramos hombre y mujer, y que no importaba dónde ni cómo, de seguro lo volveríamos a repetir y haci lo hicmos cada fin de semana.

Autor: kenshin


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