
Como ya les había comentado que íbamos a tener una fiesta después que yo tuve el encuentro con mi amiga Silvia, nos reunimos para planear como íbamos a disfrutar dicha fiesta.
En realidad yo no sabia que mi amiga Silvia quería era a costarse con mi marido Roberto, y cuando ella me lo comento sentí en el fondo algo de celos, rabia de que mi mejor amiga me estaba proponiendo que le prestara a mi marido para tuvieran sexo.
Mi nombre es Gerardo. Soy profesor universitario. Tengo 32 años, casado y un niño. He trabajado en esa institución por mas de diez años. Soy un tipo de contextura mediana. 1,70 de estatura, piel canela y según dicen las chicas unas pestañas encantadoras. La historia que compartiré con Uds. se remonta exactamente al inicio del año de 1998. He sido profesor de Inglés por varios años y en mi clase habían varias chicas a las cuales no les era indiferente. Bueno como casi siempre sucede, no faltó la niña a quien le gustaba rpovocarme y llamar mi atención. A mi tampoco me era indiferente, y ella frecuentemente se insinuaba coqueta y provocativa.
Estoy sentada en la silla de siempre, primera fila, justo frente al pizarrón... Escucho hablar al profesor sobre las divisiones sociales, Kant y otras barbaridades que me tienen a punto del sueño... sin embargo finjo que me interesa mucho el tema, no quiero causar mala impresión, desde el segundo año en que entré a esa universidad he tenido fama de buena estudiante y todos saben que me casé en tercer año, ahora estoy a punto de graduarme.
Me llamo Anabel, tengo 29 años, llevo cinco años casada, soy muy feliz con mi marido, pero desde hace dos años, su trabajo le absorbe tanto tiempo que me siento muy sola. Mario siempre me habia tratado muy bien, nos casamos tan enamorados y tan felices, durante los tres primeros años eramos un matrimonio perfecto, nos iba muy bien económicamente,eramos muy felices y en la cama nos compenetrabamos, sabiamos darnos mucho placer y disfrutabamos mucho del sexo.
A principios de verano, como presidentes de mi comunidad de vecinos, tuvimos una reunión con los demás presidentes del edificio. Éramos solo cuatro, así que ofrecí mi casa para celebrarla, mi marido estaba de viaje y la mujer de Álvaro se llevaría al niño al parque para que no nos molestara. Álvaro, Raúl y Javier llegaron juntos, venían riendo y noté que me miraban de forma extraña. Sospeché que Álvaro había sido poco discreto con respecto a nuestro encuentro, pero en lugar de enfurecerme me excitó que los otros dos me vieran ahora como una oportunidad.
Me llamo Daniel Velásquez y tengo 18 años, vivo en Caracas, Venezuela. Lo que les voy a contar sucedió cuando yo tenía 17 años, vivía con mi mamá y mi primo, que tenía mi misma edad, él tenía una novia que se llamaba Samantha y tenía 17 años también, desde que nos conocimos, me impactó la chama, está burda de buena, es bonita y bien chévere.