
La excitación le embargaba el cuerpo, por fin había llegado el día. Mario se había preparado a conciencia en el gimnasio en los últimos 6 meses, eso sin contar los 5 kilómetros que corría diario. Ahorro hasta que tuvo lo suficiente para comprar su atuendo que ahora portaba mientras se dirigía con paso inseguro hasta la puerta de aquel bar. por donde tantas veces había pasado sin atreverse ni siquiera a voltear.
Todo comenzó una tarde cuando mis padres se habían ido de vacaciones. En aquella ocasión me iba a quedar solo ya que como soy hijo único pues era obvio que me iba a quedar solo. Para comenzar me voy a describir soy delgado mido 1.73m tengo cabello color negro, ojos claros soy de tez morena clara soy atractivo tengo un tremendo gracias al baile.
Yo tenía 19 años y había ido a pasar la Semana Santa a la playa. El mar, el sol, la arena, ejercen sobre mí un influjo especial y me encanta disfrutar de la sensualidad que mi cuerpo siente al dejarse llevar por esas vivencias.
Recuerdo que era el Jueves Santo de 2003, y estaba acostado sobre mi toalla, a la orilla del mar, tomando un poco de sol, luego de haberme aplicado el consabido bronceador. Entonces, vi a dos chicos que jugaban en el agua. Tenían rasgos orientales y, por la familiaridad que se tenían, la forma como se tocaban y el cariño con que se hablaban, pude darme cuenta de que eran gay.
La primera vez que le vi fue al volver de mi permiso de Navidad, me impresionó su físico, era todo músculo, el anodino uniforme del Aire apenas podía disimular tanta humanidad. Era un tiarrón de unos 25 o 30 años, barba cerrada, mentón pronunciado, ojos verde grisaceos, corte de pelo muy apurado, más de lo que exigían las ordenanzas. A esa hora de la tarde su barba podría haber producido más de una erosión, de cerrada y dura que parecía. Allí estaba; fumando al final de la barra con la mirada perdida en nó sé dónde. No es que me inspirara ningún sentimiento de ternura, ni nada por el estilo, pero me atraía y de qué forma. Me acerqué hacía él con el pretexto de recoger algunos botellines y vasos que mi compañero del turno anterior no había retirado. Afanosamente, pero con más lentitud de lo que para mí era habítual, despejé la barra mientras de reojo le seguía observando. Era un tío casi brutal, tan viril y fornido, se podía decir exhalaba testosterona por cada uno de los poros de su piel. Seguía mirando al vacío mientras las volutas de humo le envolvían la cara. Se me cayó un vaso y eso le sacó de su ensimismamiento. Me lanzó una mirada entre molesto e indiferente, pensé que iba a decirme algo y rápido me disculpe.
No es lo que están pensando, en la escuela la pasé muy mal. Si no era porque tenía una vista de águila y podía leer un papel hasta a dos pupitres de distancia, no hubiera aprobado muchos exámenes. Una ortografía pésima y sin mucha suerte para las matemáticas, todos mis maestros coincidían en aconsejarle a mis padres que no se gastaran un céntimo en mi. Por eso cuando aprendí lo mínimo mi padre dejó que me pusiera a trabajar.