
Noche fría del mes febrero. Celebración de la fiesta pagana de los carnavales.
Este año hemos decidido disfrazarnos cada uno de un personaje famoso de cine, televisión o comic.
Mi disfraz es de Lara Croft, personaje que siempre me ha fascinado. Los demás como siempre poco originales, Paz va disfrazada de Mini Mousse, Armando de spyderman, Jose de Conde Drácula, María de Detective privado.
Jose es mi mejor amigo, de aquellos amigos a los que te atreves a decirle barbaridades porque sabes que no te toman en serio y no te juzgan, pero con los que siempre estás a punto de cruzar el límite de lo que es amistad a algo más. Se acerca a mí y me dice:
-Tierna dama hoy me invitará para que pueda morderle el cuello y beber su sangre mientras usted muere de pasión entre mis brazos.
Entre avergonzada y deseosa de darle de beber, digo:
-¿Tierna?. Hoy soy Lara Croft, no soy tierna, soy dominante y sin escrúpulos, esconde mejor tus dientes no te los vaya a volar de un disparo.
Nos reímos los dos y proseguimos bebiendo entre bromas, y los ánimos de pasar una noche infernalmente divertida y excitante. Entre risas y conversaciones vamos descubriendo con quien querríamos pasar esa noche especial y mágica. Yo comento que mi sueño erótico siempre ha sido el Zorro.
Sigue avanzando la noche, y Jose comenta que va a venir su hermano menor con nosotros. Su hermano menor se llama Christopher, y es un muchachillo atractivo, aunque no guapo de unos 25 años aproximadamente. Siempre he tenido muy buena relación con él, pero hace más de un año que no lo veo porque decidió estudiar un curso en el extranjero.
Decidimos irnos a bailar. Jose dice que se quedaba un momento para llamar a su hermano que aún no ha llegado.
Nos vamos todo el grupo hacia la discoteca, y por el camino nos encontramos a otros compañeros de diversiones, que se unen a nosotros, hasta formar un grupo de unas 20 personas más o menos.
Llegamos a la discoteca y pronto empezamos a bailar, unos embriagados, otros no tanto, pero todos alegres y predispuestos a hacer de aquella una noche especial.
De pronto noto como los pelos de mi nuca se erizan, y me giro a mirar detrás de mí. No veo nada raro, ni a nadie observándome especialmente, pero se instala una inquietud en la boca de mi estómago entre excitante y de peligro.
Aparece Jose, más bebido y gracioso que de costumbre y empieza a bailar conmigo de forma muy sensual y sugerente. Poco a poco lo aparto, y le digo:
-Mi vampiro excitante, está sobre pasando límites así que por favor retén tus ansias de sangre.
Jose, en vez de tomárselo a risa como siempre se quita sus colmillos, me mira de forma muy seria, y dice:
-¡¡¡Maldita mujer!!!
Yo me quedo perpleja sin entender muy bien qué demonios quiere decir, pero cuando intento reaccionar, Jose ha desaparecido de mi lado, lo busco con la vista, miro en la barra, en los rincones, "maldita sea, si realmente no era un juego no me lo podía haber dicho directamente". Busco, y me separo del grupo entre el gentío acumulado.
De nuevo siento esa inquietud y me giro, pero no descubro nada raro. Mientras observo la multitud que hay detrás de mí, siento un ligero roce en mi cuello que me hace contener un suspiro. Me giro y sin llegar a ver su cara escucho una voz profunda y ronca en mi oído que me susurra:
-Desde que te he visto con ese disfraz estoy deseando arrancártelo.
Se me eriza toda la piel, y un estremecimiento me recorre el cuerpo, entre mezcla de miedo y deseo. Mientras la incertidumbre y la sorpresa me deja sin poder de reacción él aprovecha para introducir la punta de su lengua en mi oreja. Su lengua húmeda y áspera que me hace entrecerrar los ojos y ahogar un suspiro en mi garganta. En mi oreja oigo un pequeño gemido mientras la exploración se hace más directa, gemido que me hace volver a la realidad, me giro y le digo:
-¿Pero de qué vas? ¿Se puede saber qué haces?. Observo al intruso para saber quien es.
Me encuentro de frente a un hombre con un sombrero estilo cordobés, vestido todo de negro, una capa negra también, un antifaz en sus ojos que no me parecen desconocidos, unos muslos llenos y apretaditos, con pelo negro, labios gruesos hechos para besar y ser besados... "¡¡¡A qué narices está jugando Jose!!!. Se cree que cambiando sus dientes por un antifaz y un gorro, me va a despistar. Si ni siquiera se ha molestado en cambiarse el traje de vampiro"
No digo nada, y se vuelve a acercar a mí, me doy la vuelta para irme y me coge por detrás, apretando mis nalgas contra su incipiente erección.
_No esta vez no, esta vez no te escapas de mí.
Poco a poco empieza a mover sus caderas de forma sugerente. Para los demás un simple baile entre dos personas, para mí, notando su erección en mis nalgas, es como estar haciendo el amor en forma vertical.
Me aparta la trenza y me muerde en la nuca. Vuelve a avanzar hasta mi oreja y susurra no lo niegues, tú también me deseas.
De golpe se pone delante de mí, rompiendo el encanto. Aún así no puedo apartar mis ojos de sus labios, y medio avergonzada de mi deseo, me sonrojo y busco la manera de salir de eso.
Él recorre todo mi cuerpo con su mirada parándose en mis generosos senos, que instan por salirse del TOP de guerrera. Éstos reaccionan de forma involuntaria poniéndose las cumbres de mis pezones rígidos apuntando a la causa del deseo y me entra un extraordinario escalofrío por el cuerpo.
Él descubre mi reacción y sonríe de medio lado. "Maldito hijo de pe... odio esa seguridad se la quitaba de un guantazo". Así que me decido a pasar de largo. Cuando estoy a su altura, clavo mi bota sobre su pie, y piso con todas mis fuerzas, poco a poco levanto la vista y con voz exageradamente inocente y cínica digo:
-"us" como lo siento, fue involuntario y prosigo mi huida.
Oigo su risa, su risa profunda. Porqué diablos me afecta así, siempre ha sido un amigo, nunca lo he visto como a un hombre.
Me reúno con el resto de mis amigos y seguimos bailando y bebiendo, pero constantemente tengo esa sensación en la nuca, de cuando una fiera está acechando a su victima.
De repente necesito ir al baño, porque siento mucho calor, y he bebido demasiado parece que mis pies ni siquiera son míos, y sé que tengo una absurda sonrisa en mi cara. Llego al baño, y me miro al espejo, estoy sudorosa, al echar agua fría sobre mi nuca, se ha mojado mi TOP que se adhiere más a mi pecho, y deja entrever los pezones erectos...
-Maldita sea - digo sonriendo a la imagen del espejo.
Me dispongo a salir, de manera un poco dificultosa puesto que parece que las paredes danzan al son de la música, y justo cuando consigo alcanzar la puerta, una mano tira de mí, hacia fuera de la discoteca.
Empiezo a refunfuñar entre risas pero mis palabras no son claras y contra más me atranco más risa me da.
-¿Me llevas a tu corcel negro? Jajaja.
-Podríamos llamarlo así.
Vamos hacia un destino que él solo sabe. De golpe me hace subir a un coche negro. Y él se dispone a subir conmigo.
Yo estoy temblando de frío tengo toda la piel de ganilla, y aunque no me ha gustado en exceso el rapto, no puedo parar de sonreír, porque en el fondo sé que no corro peligro, él es mi amigo del alma.
Me coge las manos y susurra:
-Estúpido, casi te congelo.
Así que se quita su capa y me cubre con ella, poniéndose el también debajo, y me abraza.
Poco a poco empieza a acariciarme la nuca y me deshace la trenza. Yo le digo:
-Señor zorro, debe parar el carro
-Porqué- contesta él.
-Porque yo no quiero esto.
Se acerca a mi oreja y susurra:
-¡OH sí!, sí que lo quieres
Intento poner un poco de distancia y él, mi zorro reacciona mordiendo el óvulo de mi oreja. Dios, me vuelve a recorrer ese fuego abrasador
Esos labios gruesos se van acercando a mi boca, primero empieza a juguetear dando pequeños besos en mis labios. Poco a poco empieza a acariciar todo el contorno con su lengua de forma muy lenta y sensual, y a dar pequeños mordisquitos excitantes. Mientras acaricia mi nuca con su mano, enredando sus dedos en mi pelo, y provocándome con sus manos, y sus besos un deseo abrasador. De mi garganta sale un sonido gutural, que ni yo reconozco, él se me queda mirando y me dice:
-Vámonos.
Se aparta de mí dejando un vacío y un frío inexplicable. "¡¡¡Maldito hombre!!!"
Por el camino a su casa voy pensando en cuánto lo deseo, parece increíble pero es así, y pienso que quizás por mi vergüenza no me atreva a llegar al final, sin embargo, será por el alcohol o por el disfraz, pero me siento osada.
Y qué tal si don Juan pasa a ser Doña Inés, mientras pienso en ello mirando con ojos de deseo a mi zorro se dibuja una sonrisa maligna en mi boca.
-No me mires así o no llegamos -dice él entre risas.
"Si si, prepárate porque te voy a sorprender"
Ya en su casa, subimos directamente a su habitación, y empieza mi juego.
Me dedico a imitar el beso empezado hace 15 minutos atrás. Poco a poco voy mordiendo sus labios y pasando mi lengua por ellos, el zorro intenta profundizar el beso, pero entonces retiro los labios:
-"Xussss", yo decido cuando.
Vuelvo a acercarme y sigo saboreando cada rincón de las comisuras de sus labios lentamente. Empiezo a introducir la punta de mi lengua por la parte interna de su boca, dibujando también su boca pero por dentro. Él vuelve a hacer el intento de profundizar, y me vuelvo a apartar, hace un sonido de fastidio, y yo vuelvo a iniciar el recorrido. Introduzco de nuevo la punta de mi lengua y voy recorriendo cada rincón, hasta que empieza a bajar una sensación por mi garganta como si fuera fuego líquido que me abrasa, entonces decido profundizar el beso, e introduzco por completo mi lengua en su boca, jugando con su lengua, enredándome en ella, haciendo entre las dos una danza erótica y húmeda, que hace que sienta unas ligeras punzaditas en mis ovarios de excitación.
Él me coge de la nuca y me aprieta más contra su boca, como si quisiera absorber mi alma, a través del beso.
Poco a poco su mano va bajando por mi espalda hasta posarse en mi trasero, que no duda en apretar con fuerza, dibujando pequeños círculos que provocan oleadas de placer indescriptible en mis entrañas.
De forma inmediata introduce una mano entre los cuerpos, y me coge un seno en su mano que empieza a masajear, poniendo erectos mis pezones de inmediato. Con el dedo pulgar empieza a hacer círculos sobre él, provocando sonidos guturales de mi garganta.
Pronto introduce la mano por debajo del top, y empieza a repetir la acción pero esta vez pellizcando de forma suave mis pezones erectos.
Yo dirijo mis manos hacia su antifaz dispuesta a quitárselo pero me para las manos, y dice que no, así que como me parece erótico hacer el amor con un tío con antifaz, no le pongo reparos, y me voy directamente a su camisa.
Empiezo a desabrocharla poco a poco, propinando besos por botón en su pecho, a través de la tela descubro su pezón y lo atrapo entre mis dientes. Él hecha la cabeza hacia atrás produciendo sonidos que me parecen la mejor música jamás oída, mientras acuna mi pecho en su mano. Sigo mordisqueando su pezón hasta que puedo quitar del todo la camisa, y entonces paseo mi lengua por el lugar mordido, jugando, saboreando y agarrando entre mis otros dos dedos su otra tetilla, masajeándola como previamente ha hecho él conmigo.
Decido seguir explorando y, muy lentamente, con la punta de mi lengua, recorro el camino que va desde el centro de su pecho hasta su ombligo, cuando llego a este empiezo a hacer círculos alrededor de él, hasta que escucho un ruido de impaciencia y decido meter mi lengua dentro, que es recibida con un sonido mucho más fuerte que los anteriores.
Mi mano cobra vida, y empieza a subir por su pierna, lentamente hasta encontrar su espada lista, y dura para mí. La acaricio por encima de su pantalón, hasta que de golpe noto una mano que me agarra del pelo, y hace incorporarme, y en el camino me reciben una lengua abrasadora que vuelve a introducirse en mi boca:
-Si sigues así no aguantaré mucho
Sonrío y vuelvo a dirigir mi mano hacia el punto clave pero soy detenida a medio camino.
Me deja inmovilizada. Con una mano me coge el pelo, y la otra sostiene mi muñeca colocada en mi espalda, donde no puedo acceder al objeto de deseo.
Me sigue torturando con su boca, y de golpe me suelta para quitarme el top, y el sujetador, acariciando con su lengua experta, provocando oleadas de fuego abrasador que me lleva a apretar su cabeza en mi pecho deseando y pidiendo más.
Mientras mordisquea y lame mis pezones, lleva sus manos a mis nalgas, y juega con ellas. No lo soporto necesito más. Inmediatamente pasa su mano por delante y por encima de la ropa empieza a acariciar mis labios accediendo a mi clítoris inflamado y preparado solo para él.
Poco a poco introduce su mano por mi pantalón y accede a mi zona más húmeda y caliente y dibujando pequeños círculos alrededor de la zona inflamada. Sigue explorando y descubre mi entrada perfectamente preparada perfectamente lubrificada, y no duda en introducir primero un dedo y luego dos.
No puedo más así que ahora soy yo la que empiezo a desabrochar su pantalón, y él imita mi gesto con el mío.
El no lleva ropa interior, yo me quedo con mi tanga negro. Me hace darme la vuelta y apoyar las manos en la cama. Me da un poco de vergüenza y me siento vulnerable e indefensa, pero en cuanto sus manos se posan en mis nalgas solo siento deseo y pasión. Así acaricia, introduciendo sus dedos en mi vagina, y mordisqueando mis nalgas. Se incorpora y introduce un dedo por debajo de la tira del tanga, bajándolo muy lentamente torturándome, cuando ya me lo ha quitado del todo, se queda mirándome sin tocarme, hecho que me pone nerviosa y me hace sentir insegura, así que dispongo a incorporarme pero me vuelve a detener, y ahora accede a mis rincones secretos con su lengua, paseándola por mis labios, mi clítoris, mi ano, vuelta al clítoris y allí se pasa más rato recreándose, acogiéndolo entre sus labios lamiéndolo con su lengua. Al mismo tiempo introduce su dedo corazón en mi vagina mientras con el dedo pulgar acaricia mi ano.
No puedo más, mis jadeos se vuelven intensos, y empiezo a balancearme sobre su mano exigiendo movimientos más rápidos. -¡No!, Está llegando, no aún no".
Me incorporo, y me pongo de rodillas ante su desnudez, observo con ojos hambrientos y cojo entre mis manos su pene, que acaricio subiendo y bajando mi mano. Entonces me apetece saborearlo y empiezo pasando mi lengua por su punta, y voy recorriendo la distancia hasta la base, y volviendo de nuevo a la punta. Cuando llego, juego con la cumbre rosadita, propinando mordiscos suaves que lo hacen enloquecer, y volviendo a pasar mi lengua por los lugares que han sido presos de mis dientes. Repito la acción varias veces, hasta que la última cuando estoy abriendo la boca para volver a mordisquear, me coge con las dos manos de la cabeza e introduce todo su esplendor en mi boca realizando una danza dentro de ella, llenando y vaciando mi espacio, y soltando él un pequeño grito de triunfo que sale de su garganta.
De pronto me aparta y me acuesta en la cama:
-Lo siento pero no voy a aguantar mucho.
-NO importa – respondo -yo tampoco voy a aguantar
Así sin preámbulos introduce su pene en mi, provocando un alarido y cabalga y danza llenando mis espacios, y produciendo desasosiego cuando retrocede para de nuevo embestir más fuerte, mas profundo más rápido mientras yo clavo mis uñas en su espalda. Poco a poco desciendo por ella hasta llegar a su trasero poderoso que aprieto e insto a que siga su cabalgada de forma más rápida.
"¡¡¡Quiero el poder!!!!" Así que me escabullo, y ahora soy yo la que me pongo encima. Y lenta muy lentamente empiezo a cabalgar como amazona, controlando cada movimiento, y observando su cara cada vez que hago algo.
Subo y bajo, y:"¿Qué tal si contraigo la vagina?", pienso y realizo. Gemidos gemidos y más gemidos. Jajaja, le gusta.
Ahora subo y me dispongo a bajar lenta, muy lentamente.
-Más rápido -dice él.
Entrecierro los ojos, y pongo sonrisa de malvada y aún reduzco más la velocidad, bajando más lentamente, saboreando cada milímetro que penetra en mi. "¿Más rápido? ¡No, más lento!"
De golpe impaciente me hace caer sobre mi espalda, y embiste fuerte, rápido, muy rápido cada vez más.
Rodeo con mis piernas su cintura, y muevo mis caderas, pidiendo más más más.
Empezamos a jadear los dos,
-Venga vamos ya está llegando – jadea el zorro -vamos, venga, vamos, sí, sí, sí, ahora,
Se pone tenso descargando su líquido tibio y espeso en mí, de golpe se abre la puerta de la habitación, y veo a Jose mirándonos, Le quito mientras sigue dando las últimas embestidas el antifaz. Dios, cierro los ojos y estallo entre las convulsiones del orgasmo más grande jamás conocido por mí.
Poco a poco los cuerpos se relajan y oigo una maldición y un portazo.
"Dios no quiero abrir los ojos, no quiero enfrentarme a él"