A pesar de no ser una persona de las que se siente incomodo en los aviones, esta vez estaba realmente nervioso. Mirando por la ventanilla del avión como se acercaban al aeropuerto, pensó de nuevo en cancelar la cita, pero era ya demasiado tarde. Cuando recogió su maleta, salió a la sala principal y comenzó a buscarla con la vista en la multitud que había en el aeropuerto. Vio su rostro y le dio gracia el ver que ella también lo estaba buscando, con expresión nerviosa, pues no lo había encontrado aun. De repente los ojos de ella se clavaron en la vista de él, lo había hallado. Tras un casto beso en la mejilla de bienvenida, tomaron un taxi y fueron al hotel. Solo se habían visto a través de Internet y a pesar de lo que se habían dicho por medio de los ordenadores, estaba fría aun la situación. Dejaron el equipaje en su habitación y volvieron a salir. Ella le mostró su ciudad. Después, tras cenar, acudieron a la habitación del hotel. Allí, el se armó de valor y la beso por fin en los labios. La desnudó y acarició todo su cuerpo.
A pesar de no ser una persona de las que se siente incomodo en los aviones, esta
vez estaba realmente nervioso. Mirando por la ventanilla del avión como
se acercaban al aeropuerto, pensó de nuevo en cancelar la cita, pero era
ya demasiado tarde. Cuando recogió su maleta, salió a la sala principal
y comenzó a buscarla con la vista en la multitud que había en el
aeropuerto. Vio su rostro y le dio gracia el ver que ella también lo estaba
buscando, con expresión nerviosa, pues no lo había encontrado aun.
De repente los ojos de ella se clavaron en la vista de él, lo había
hallado. Tras un casto beso en la mejilla de bienvenida, tomaron un taxi y fueron
al hotel. Solo se habían visto a través de Internet y a pesar de
lo que se habían dicho por medio de los ordenadores, estaba fría
aun la situación. Dejaron el equipaje en su habitación y volvieron
a salir. Ella le mostró su ciudad. Después, tras cenar, acudieron
a la habitación del hotel. Allí, el se armó de valor y la
beso por fin en los labios. La desnudó y acarició todo su cuerpo.
Empezó entonces a notar una molestia en el pene. Sacó de la bolsa
que había traído ella por petición suya un collar y lo
colocó suavemente en su cuello. Después sacó unas esposas
y se las puso también. Él se sentó en el sillón
que había en la habitación y ella, de rodillas, se acercó
a él y comenzó a abrirle la bragueta de sus pantalones. El pene
comenzó a dolerle de nuevo. Ella lo cogió con las manos y se lo
introdujo en la boca. El dolor era muy intenso, demasiado. Fue entonces cuando
él se despertó. El dolor lo sacó de su sueño. El
aparato de castidad que su ama le había colocado, había producido
el dolor en el pene, al encontrarse este en un espacio tan reducido y erecto.
Su ama se despertó también.
-¿Que te pasa?, le preguntó.
-Me duele,-contestó. -¿Me lo puedes quitar?
-¿Estabas soñando conmigo?, -preguntó de nuevo.
-No, -respondió de una forma lacónica y sincera.
-Pues entonces no, - le dijo mientras le daba la espalda para volver a dormir.
El estaba realmente excitado y no pudo contenerse.
-¿Puedo al menos lamer tu coño?
Ella volvió a colocarse boca arriba y abrió sus piernas, contestándole.
-Si.
Él se colocó entre sus piernas y su lengua buscó su sexo.
El pene le dolía. Debía acostumbrarse.